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jueves, 21 de junio de 2012

El sino del escorpión


En los recientes cacerolazos hemos podido asistir a hechos de violencia realmente inaudita, y remarco inaudita, por una cuestión que ha quedado más que evidente: no fue una violencia fruto de un mal momento,  a una bronca pasajera, algo que cualquiera puede tener, sino que fueron agresiones basadas en un profundo, gigantesco y demencial odio que los actuales caceroleros sienten por la Presidenta Cristina Fernández y que hacen extensivo a todos los que la apoyamos.

Tal vez algunos exijan pruebas del odio al que hago referencia.  Sostengo que en los actuales caceroleos están más que claras: Insultos, descalificaciones, acusaciones de corrupción, acusaciones que están basadas en las “incontrastables pruebas”  que diariamente  “aportan” los medios hegemónicos o  denunciantes seriales como el abogado Ricardo Monner Sans

De los testimonios que quedaron grabados en las notas logradas por los periodistas agredidos  de 678 rescato uno que me parece paradigmático: el de una actual cacerolera que gritaba exasperada “Cristina asesina”. 

¡¡¡¡¿¿¿¿????!!!! 

Es realmente impresionante que una Presidente que ha hecho de la no criminalización de la protesta social un eje central de sus políticas sociales, pueda ser acusada de tamaña gravedad. Baste recordar la protesta “del campo” por la 125.

 Pero el punto no está en Cristina, sino en la que acusa. En los que acusan, en realidad.

 ¿Quiénes son? ¿Están sin trabajo? ¿No tienen que comer? ¿No pueden manifestarse? ¿No tienen medios que opinan como ellos, que les dan vos? ¿Los reprimen cuando salen a manifestarse?

En todas estas preguntas cabe la misma respuesta: NO. 

Entonces, ¿de qué se quejan? ¿Por qué acusan de algo tan terrible a Cristina? 

Afirmo que es por simple proyección. 

¿Y porque lo digo? ¿Quiénes son los que siempre protestan cuando hay una manifestación o un reclamo popular y exigen represión? ¿Quienes claman por la pena de muerte para delincuentes? ¿Quiénes apoyaron y apoyan golpes de estado y la tortura y desaparición de personas? ¿Quiénes apoyan y se informan con Clarín y La Nación como si lo hicieran de la Fuente Sagrada de la Verdad Revelada? ¿Quiénes exigían que “Cristina se vaya”? ¿Quiénes apoyan de manera clara y contundente los ajustes? 

SI. Son los actuales caceroleros los que hacen todo lo antedicho. ¿Y que provocan los actuales caceroleros  con las acciones que he descripto? ¿Amor? NO. Simplemente  violencia, violencia clara, contundente como los golpes que recibieron los cronistas de 678. 

Los actuales caceroleros en realidad salieron a manifestarse por que el Gobierno ha puesto fin (¡¡¡por fin!!!) a la timba especulativa con el dólar, que también es un hecho violento, muy violento, ya que con una corrida cambiaria te provocan el aumento brutal del valor de la verde obsesión, ¿y qué le sigue?: La destrucción de la economía. 

Alegan que la compra de la verde obsesión es un derecho protegido por la Constitución, y es cierto, pero, ¿existe el derecho a proteger la economía? ¿Y la obligación de aceptar esa defensa? SI, también existen. ¿O no es justo y obligado defender la economía de todos?

Y Cristina ha hecho lo correcto, ante la colisión de dos derechos, optó por el que beneficia a las mayorías, o sea, defender la economía inclusiva, generadora de trabajo y dignidad, y no ponerse a defender a “los mercados”. 

También dijeron que salieron a la calle porque hay inseguridad, para lo cual utilizan los hechos delictivos que sin duda alguna suceden en la Argentina de nuestros días. 

¿Pero es tan así? ¿Estamos tan inseguros? Pareciera que el índice de criminalidad que se mide en todo el mundo indicaría otra cosa. 

Pero bueno, hablemos de inseguridad. ¿Es culpa de Cristina? No. ¿No se ha hecho nada al respecto? Si. 
¿No ha bajado la cantidad de hechos delictivos? Si. ¿La delincuencia que existe en Argentina, es fruto de las políticas sociales aplicadas por el kirchnerismo o es consecuencia de los casi 30 años de aplicar ajustes cada vez más severos en nuestra economía? 

Yo afirmo que el nivel delincuencial en nuestro país aumentó exponencialmente durante el proceso de aplicación de políticas neoliberales de ajuste, y que desde el 2003 ha venido bajando muy visiblemente la cantidad de hechos delictivos, tal como lo muestra el Índice de Criminalidad, que en el año 2003 estaba en 9 por cada 100.000 Hab. y en el 2011 se ubicó en el 5,6 por cada 100.000 Hab. 

Esto ha sido ignorado por los actuales caceroleros, pero no están solos en esa ignorancia, los acompañan sus mentores, Clarín y La Nación. Pasar por alto este dato y no aceptar debatirlo en sociedad, es también un acto de cruda violencia. 

Y exigieron lo que no podía faltar del menú cacerolero actual: la “independencia de la Justicia”. ¿De qué hablan cuando hablan los actuales caceroleros de la “independencia de la Justicia”? 

Como ejemplo, vuelvo a la nota lograda por un cronista de 678 en el “abrazo” al Palacio de Tribunales por parte del PRO, en donde le preguntan a una manifestante porque está ahí, y ella le contesta que quiere que Boudou sea juzgado, “ya que es culpable” y entonces el notero le pregunta sobre el procesamiento de Macri, alegando la entrevistada que Macri es inocente.

 Está más que claro lo que dicen cuando reclaman “una Justicia independiente”: Cárcel para todos los que no piensan como ellos, y por supuesto, impunidad total para su gente. Está de más decir que la “justiciera” señora se alejó inmediatamente del notero, al parecer, para evitar  que la siguieran provocando con “violentantes” preguntas. 

Hacer uso del “principio” de la presunción de culpabilidad sobre ajenos es prueba de una bárbara violencia que solo encuentra justificación en el odio de clases tan profundo y demencial que los anima. La violencia volcada sobre los cronistas de 678 no fue producto de ninguna provocación, ni de los noteros ni tampoco, y sobre esto quiero hacer especial hincapié, por parte del Gobierno.

Una de las excusas que sutilmente puso todo el arco mediático-opositor para deslegitimar el rechazo a los hechos de violencia es que, bueno, “el Gobierno crispa”.

Nunca me he hallado con la aclaración de cuáles son los hechos, palabras o frases que supuestamente dichas por Cristina, justificarían la golpiza aplicada a los trabajadores de prensa del canal estatal, por lo tanto, creo que tengo el derecho a opinar sobre los que serían los verdaderos actos gubernamentales provocadores y justificadores de reacciones tan “ejemplificadoras”. 

Es muy simple, además: Cristina no hace lo que “los mercados” quieren. Por eso estamos “viviendo en una dictadura”, por la aplicación de políticas económicas y sociales rechazadas de plano por “los mercados”. 

Esto “es una dictadura, porque no hay diálogo”.  Y es cierto, ¡Gracias a Dios!, con los mercados, Cristina no tiene diálogo, simplemente les aplica las políticas que fueron votadas por el 54% de la ciudadanía. 

Y no tiene diálogo, no porque Cristina sea una dictadora, sino porque los mercados no aceptan que a la gente se le “de casa, comida, ropa, educación, salud y trabajo”, esto es, que se los incluya en la Argentina, una Argentina para todos, una Argentina no solamente para las elites, para los que usan “pantalones de cuero y botas de charol” en los actuales caceroleos, para los “superiores”, para los “biempensantes”, para  “los mercados”, en suma. 

Recuerdo a uno de los reporteados por el falso notero de la CNN, que reclamaba a los EEUU que intervenga, que ellos son “amigos” de Norteamérica.  O sea, en buen romance, que voltee con un golpe de estado o una invasión a Cristina. 

Y pensar que se refieren a sí mismos como “reserva moral de la patria”.

La palabra “amigos” que usó el reporteado debe ser cambiada por cipayos, porque eso es lo que son, defensores autóctonos de intereses extranjeros. Y por supuesto que de toda su violencia nos echan la culpa a nosotros, ellos son las víctimas, y los que, por ejemplo, murieron en los bombardeos de Plaza de Mayo de Junio de 1955, en donde fueron asesinadas más de 300 personas quedando también más de 1000 heridos y mutilados, son los culpables de haber sido bombardeados y masacrados por los que en teoría estaban para defenderlos. 

Hemos tenido en la historia de la humanidad muchas masacres, pero una cometida por fuerzas armadas contra sus propios y pacíficos mandantes, sus compatriotas, no. Igualmente del actual caceroleo creo que debemos aceptar que hay algo muy positivo: ahora golpean cacerolas, pero antes golpeaban las puertas de los cuarteles. Con el mismo odio demencial, es cierto, pero la diferencia es muy notoria y a favor de la democracia. Que no es poco. 

Es para mí increíble e incomprensible el descomunal nivel de odio y violencia de los actuales caceroleros, de su entrega total, a través de nuestra historia,  a la defensa de intereses extranjeros, primero de los ingleses y después de los yanquis. 

Es innegable que en este tan odiado país por ellos, les ha ido muy bien, tienen fortunas, o al menos excelentes niveles de vida. Pero lo odian. Y por supuesto, odian también a la mayor parte de su gente. Lo sometieron y lo quieren someter a los dictados de “los mercados” internacionales: Hicieron siempre con Argentina y sus clases populares lo que quisieron, pero nos odian y nos agreden, acusan, descalifican. 

Es un hecho que estos buenos señores han ganado mucho dinero trabajando como defensores de los intereses imperiales, pero también lo han ganado con este modelo, con este proyecto nacional y popular, netamente inclusivo.  Pero nos odian. 

¿Y por qué? ¿Cuáles son las causas de ese demencial odio y violencia? No encuentro, y créame aquel que lea esto, por más que me esfuerzo, nada que justifique semejante despropósito en el hecho de que las grandes masas populares quieran estar mejor, tener un proyecto de vida, educación, salud, una vivienda digna  y trabajo.

Solo encuentro como claro justificativo, como génesis de tamaña locura, lo que me atrevo a denominar el sino del escorpión. Todos conocen la fábula del escorpión y la rana. 

Emponzoñar es el destino del escorpión, no importa la situación en la que se encuentren o la bondad de quien comparta su camino y lo ayude. Destruir, matar, odiar por naturaleza. No hay posibilidad de encontrar otra cosa en esas gentes. 

El desencajado rostro de la actual cacerolera que le gritaba “asesina” a Cristina es una contundente prueba de lo que digo.