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domingo, 19 de enero de 2014

Controles y acuerdos de precios: Razones de su fracaso

Recientemente comenzó a implementarse un nuevo acuerdo para cuidar los precios. Yo soy uno de los varios millones que en este país apoya a Cristina, pero creo firmemente en que este cuidar de los precios va a fracasar. ¿Y será que va a fracasar por los motivos que aducen los neoliberales, conservadores, la nueva derecha o como carajos se autodenominen los que disfrutan a mares con los fracasos que podamos tener?

Siempre fui un convencido que los anteriores congelamientos de precios fracasaron no porque en si una medida de ese tipo está "naturalmente" condenada al fracaso, si no por la decisión de los mismos empresarios que rubrican dichos acuerdos.

Dichos acuerdos o congelamientos tienen todos una causa en común: La inflación. Ya sé, estoy diciendo una obviedad, pero si no la digo no podemos llegar al meollo de la cuestión: ¿quien la provoca?

Según los como se les antoje autodenominarse, esto es, los conservadores, la inflación es provocada por los Gobiernos, ya sea a través de la emisión monetaria o a través de una multitud de "nefastas políticas populistas", como pueden ser la AUH, las paritarias, o la inclusión.

En cambio, a quien esto escribe, le parece que no es así. No niego que una emisión monetaria en alguna situación como puede ser una recesión o una depresión pueda generar inflación, pero en una economía en crecimiento me parece que eso es imposible, a menos que estuviéramos hablando de una emisión del 1000% anual, y no sé, habría que verlo.

Hace ya muuuuuuuuuuuuchos años que se le quitó el patrón oro al dinero. Este es una cuestión fiduciaria, o sea, una cuestión de fe: vale porque alguien, (el Estado, obvio) dice que vale. Y se respalda con la riqueza que ese país genera: El PBI. Por eso es que no se puede NO emitir.

Todos los años se agrega un nuevo PBI, se agrega más riqueza, por lo tanto, se DEBE emitir para acompañar esa nueva riqueza agregada. Es la mentira más bien lograda que tiene el neoliberalismo para esconder las verdaderas causas de nuestras inflaciones.

Hay un detalle que siempre se les olvida a algunos antipopulistas y es el hecho de que en la realidad diaria de un país hay varios actores más aparte del Gobierno. Y me refiero a actores protagónicos, no secundarios.

De los demás actores, los neoliberales solo nombran al asalariado y no para elogiarlo precisamente, sino para hacerlo participe de la culpa de la inflación: "los aumentos de salarios son inflacionarios" Hay un ausente en el programa de esta comedia que puede transformarse en tragedia: el empresariado. Este solo aparece como víctima de los gobiernos de turno y del obrero.

Pobrecitos. ¿Y quien entonces maneja la economía del mundo? ¿Cristina? ¿El obrero? ¿Alguna corporación filo nazimarxistapopulistachavistacastristapolpotianamaoista? Resulta que el grupo de empresas petroleras, alimenticias, farmacéuticas y de armamento manejan decenas de cientos de miles de millones de dólares anuales son pobres victimas de Gobiernos como el de Cristina. Juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!

Manejan la economía del mundo, pero ante el tema de las culpas por las crisis varias que ha atravesado el mundo capitalista, han logrado mantenerse ocultos, o aparecer siempre como víctimas de los "malos Gobiernos". Más claro: Hablo de los Gobiernos que liberan paritarias, hacen crecer con inclusión y luchan denodadamente por industrializar a un país. Si, como lo está haciendo el kirchnerismo.


Cortemos camino. Los acuerdos de precios fracasan no porque intrínsecamente estos sean malos, sino que fracasan porque quienes firmas dichos acuerdos traicionan sin miramientos lo acordado. En el fracasado acuerdo del 2013 se pudo comprobar este hecho.

Simplemente cambiaban la etiqueta, el logo o "agregaban" un nuevo elemento al producto acordado lo que terminaba en un aumento al simple deseo o parecer de dichos firmantes. Y si no lo hacen así, simplemente aumentan y listo. Si la culpa la tiene siempre el Gobierno.

Siempre el empresariado fue un despiadado enemigo de la clase obrera y de cualquier política que lo pueda beneficiar, hay en ellos un odio de clase descomunal como también una cuestión ideológica. Y no se sabe cual esta primero. Pero están las dos, juntitas juntitas,

Y ahora no es diferente. Nos vienen haciendo lo mismo desde el 2008 con voraz determinación. Aumentan porque es la forma de militancia política que tienen. No escriben en los blogs, no hacen pintadas, no van a reuniones de comité o UB, tampoco van a manifestaciones, por la simple razón de que tienen un arma para militar muy poderosa: el aumento de precios.

Yo me reúno periódicamente con mi grupo de amigos, todos furiosos anti K. Resulta que uno de ellos comentó en un momento que la gente que trabaja haciendo números, como los contadores o los matemáticos eran los más propensos a padecer el Mal de Alzheimer, algo que a los obreros no les pasaría.

Y otro de mis amigos, furiosísimo anti k acotó que en realidad el obrero vive permanentemente con el mal de Alzheimer, “pero no lo sabe, no se da cuenta”.

¿Tengo que describir el tono y el rictus con que lo dijo?

En el aumento constante de precios hay mucho de avaricia, pero también de odio de clase. Y es descomunal su  intensidad. Por eso es que va a fracasar, sostengo, este nuevo acuerdo de precios.

La avaricia y el odio de clase se hermanan para apropiarse de una parte sustancial de la renta y militar activamente en contra de un Gobierno que aplica políticas populares, políticas que hace tanto tantos venimos reclamando.

Humildemente propondría un cambio en las políticas orientadas a mejorar la participación del asalariado en la renta, y ese cambio es crear una cadena de distribución y venta. Una cadena de supermercados, bah.

No le saldría barata al país una cosa así. Y ni que hablar del costo político que le harían pagar al gobierno, pero en lo económico esa cadena se paga sola en, pongámosle, 4 años. Y también en lo político, a la segura eliminación del aumento de precios que supone tener una cadena de alcance nacional de puntos de ventas, también “se paga solo”.

Y ni hablar del poder de regulación de precios que tendría el Estado, o sea todos nosotros, si a eso le agregáramos que Cristina se decidiera a volver a la vida a la Junta Nacional de Carnes y la de Granos.

No estoy solo en esta idea de los mercados populares, ni tampoco soy el creador, seguro que somos muchos los que soñamos con una cadena de supermercados Nacional y Popular, o al menos hay uno que ya lo está llevando a la práctica: el Chino Navarro. ¡¡¡¡Capooooo!!!!





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