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miércoles, 23 de noviembre de 2011

La falacia de la teoría de los dos demonios.


(Una breve historia argentina de la infamia)

Recientemente, el periodista Pepe Eliaschev publicó un libro que relata pasajes de la interna en el tribunal que enjuició a las Juntas. Este juicio fue llevado a cabo a instancias de Raúl Alfonsín y se desarrolló durante la primera parte de su mandato. Pero a posteriori aplicó las Ley de Obediencia debida y punto final.
Igualmente el eje de dicho relato no es el Juicio, sino que apunta a otra cosa.
Apunta a darle sustento intelectual a la teoría de los dos demonios, a la que ahora llaman “verdad completa”. Y la “verdad completa” “es” que también les cabe a los integrantes de montoneros y del erp la calificación para sus acciones, de Lesa Humanidad.
Lo que haría imprescriptible a dichas acciones, como todos lo saben.
Pero no es de ninguna manera así. Y uno de los argumentos para sostener esa “verdad completa”, sostener la existencia de “dos demonios”, es que la violencia la iniciaron los subversivos.
Esta afirmación es una falacia total, como creo que veremos más adelante. 
Hay una diferencia fundamental entre la actividad o los delitos cometidos por montoneros y erp y los crímenes cometidos por las FFAA: La garantía de impunidad con que contaron las FFAA para cometer todo tipo  de aberraciones, inmersas en un plan sistemático de represión cuyo eje principal era ejecutarlo en la más absoluta ilegalidad.
Tortura, desaparición forzada de personas y robo de sus bienes, violaciones, robo de más de 400 bebes, todos hechos cometidos de manera metódica y con la más absoluta impunidad.
Esa impunidad, que no era para nada nueva en nuestra historia, es la clave de todo: nada ni nadie podía lograr que ante la denuncia de la desaparición o secuestro de una persona, se investigara, que alguna comisaría o algún Juez abriera un expediente para llevar a cabo una investigación.
En cambio, ante cualquier ataque por parte de montoneros o erp, la investigación y la persecución era inmediata. Es fácil advertir la diferencia: los “subversivos” no contaban con ninguna cobertura ni zona liberada, no tenían ninguna impunidad posible.
Por lo tanto no es posible aplicarles la categorización de Lesa Humanidad.
Pero creo que hay mas diferencias. Una diferencia que hace la diferencia, valga la redundancia, es el historial de terrorismo de estado que tienen en conjunto las FFAA y la clase social que fue cómplice y que utilizó ampliamente a los militares  para proteger e imponer  sus intereses económicos  y su ideología de manera hegemónica.
El comienzo de ese terrorismo de estado, tal vez pueda ser caprichoso, yo lo ubico en la “campaña del desierto”, primer gran genocidio de nuestra oligarquía y sus cofrades. Genocidio y esclavitud.
Basta leer las crónicas de la época para enterarse de la entrega a terratenientes y poderosos de los trofeos de la “campaña del desierto”: familias completas de nativos que terminaron sus vidas trabajando de esclavos para los “biempensantes y almas bellas”. Y esto es violencia.
Y la cosa no terminó ahí, por supuesto. Podríamos seguir, por ejemplo, con el “fraude patriótico”, otro ejemplo de las andanzas del grupo cívico-militar que detentaba  el poder político y fáctico en el país.
Podrá parecer menos grave, pero esta “operatoria” les permitió mantener ese  poder y seguir entregando el país al imperio británico y continuar sosteniendo, a través de las décadas que siguieron a la “campaña del desierto”, a las mayorías en el hambre y la explotación. Apreciamos entonces otra gran diferencia con los “subversivos”: fueron dueños del poder desde siempre e hicieron uso y abuso de ese poder  desde mucho antes de la aparición de los “terroristas”.
La naturaleza criminal de esta sociedad la podemos seguir advirtiendo con por ejemplo, el informe del médico español Juan Bialet Massé, que realizo un estudio integral sobre la clase obrera  en la Argentina que estaba camino al centenario y que era “el granero del mundo”.
La conclusión: el 70% de la población estaba en estado raquítico o en vías de estarlo, entre otras barbaridades que se pueden apreciar leyendo el informe que se consigue fácilmente en la red. El 70%, casi nada, para ser un país gobernado por una clase “elevada, biempensante y de almasbellas”.
¿Cómo se habrán sentido aquellas personas raquíticas, en pleno festejo del Primer Centenario,  ganando un salario diario equivalente a medio kilo de arrocín, esto es, arroz de barrido, de descarte?
Otro ejemplo: El 13 de mayo de 1910 se sancionó en el Parlamento el proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo imponiendo el estado de sitio que permitió clausurar e imponer censura a la prensa obrera en general; cerrar los locales gremiales y partidarios de la izquierda así como encarcelar y expulsar del país a centenares de activistas.
Y el Presidente Figueroa Alcorta siguió sin prohibirse de nada: consintió la acción de grupos de civiles que, invocando “los altos intereses de la Patria”, participaran activa e indiscriminadamente en la persecución y agresión de los obreros.
Siempre la superioridad espiritual y moral de la clase  poderosa se verifica con represiones indiscriminadas.
Y la cosa sigue, por supuesto. La masacre de la Semana Trágica,  el 19 de Enero de 1919 cometida sobre un grupo de obreros que estaban cometiendo el “acto terrorista” por excelencia para la clase dominante: pedir mejores condiciones laborales y salariales.
Resultado: 700 muertos y 4.000 heridos a manos del (cuándo no) Ejército y de comandos paramilitares.
¿Cómo se habrán sentido aquellos obreros que fueron reprimidos a sangre y fuego por el solo hecho de pedir  ser considerados seres humanos? Y hay más casos de “amor al prójimo” de nuestra querida oligarquía cívica-militar.
¿Que se pudo haber incubado a través del tiempo en las personas, en los seres humanos víctimas de toda esta “elevación espiritual”? 
Mas: La masacre de la Patagonia, hecho relatado magistralmente por Osvaldo Bayer en su libro la Patagonia Rebelde. 1500 obreros asesinados entre diciembre de 1921 y enero de 1922 por pelotones de fusilamiento conformados, nuevamente, por el Ejército Argentino, también por reclamar trabajar como seres humanos, no como bestias.
¿Cómo se habrán sentido los sobrevivientes y los familiares de los masacrados?
 Cuándo una persona, habitante de este país se ponía a pensar en lo que hacían los que mandaban, ¿ganas de que habrán sentido?
¿Qué es lo que habrán transmitido a sus descendientes? ¿De qué habrán hablado cuando conversaban con sus compañeros de trabajo en la fábrica o en el taller?
Y así llegamos al golpe de estado del `33, que contó con el apoyo de las clases preclaras e ilustradas y metió de lleno al país en una década signada por la mayor corrupción que se pueda recordar.
La carne fue la gran vedette de aquellos años. Lo fue por ser el eje del  pacto Roca-Runciman, a lo que podemos agregar la constitución del Banco Central de la República Argentina, con competencias para emitir billetes y regular las tasas de interés bajo la conducción de un directorio con fuerte composición de funcionarios del Imperio Británico.
No obstante todas estas concesiones, se le adjudicó además a Inglaterra el monopolio de los transportes de Buenos Aires.
Con motivo del pacto, el Vicepresidente argentino  Julio Argentino Roca, (hijo), realizó la siguiente declaración:
La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus límites territoriales a la actividad de la economía de las naciones. Así ha podido decir un publicista de celosa personalidad que la Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico”.
Como podemos apreciar, desde la clase dirigente se le dio un mensaje muy claro al resto de la población de Argentina, mensaje que no tiene nada que ver con valores éticos ni morales. Solo represión, entreguismo y corrupción. Y a los continuadores de esa clase pertenecen o están aliados los que piden “verdad completa”
Es muy recomendable leer sobre la lucha llevada a cabo por el Senador Lisandro de la Torre durante esa década, la que al contrastarla con el accionar de los “preclaros” hace más fácil advertir lo siniestra que fue esa dirigencia, que su buen rastro dejó en la mente y en los corazones de obreros y empleados, de la gente toda, en realidad.
Fueron 10 años funestos. Y se llega al golpe del 43, en el cuál el General Perón tuvo una participación muy importante, ya que fue designado Secretario de Trabajo y Previsión, lugar desde el cuál empezó a aplicar Leyes Laborales. Justicia Social en suma.
Esto quiere decir que Perón comenzó a implementar la humanización de las condiciones laborales. Es lógico suponer que los elevados  integrantes de las clases altas se mostraron en un absoluto acuerdo. Pero no. No fue así.
Le comenzaron una feroz resistencia, que se organizó alrededor del embajador yanqui Braden en una alianza electoral que enfrentó a Perón en el 45, alianza que fue derrotada ampliamente, pero que continuó con su oposición feroz, rechazando la aplicación de medidas de Justicia Social, de inclusión, aplicadas por el General.
Esa oposición tan feroz y basada en un odio de clases tan brutal, a que el obrero mejorara tan sustancialmente su calidad de vida, ¿que pudo haber logrado en la conciencia de millones de seres humanos que por primera vez en sus vidas se podían sentir dignos y respetados? ¿Qué sentimiento anidaron en esos seres humildes, trabajadores y honestos?
Y esa oposición llevada a cabo por tan elevados integrantes de nuestra sociedad fue in crescendo y llegó al mes de Junio de 1955, y en un día de paroxística furia aviones de la FFAA bombardean, en un intento de matar a Perón,  Plaza de Mayo, hecho en el cuál mueren  casi 1.000  personas, incluidos 40 chiquitos de Jardín de Infantes que viajaban en un micro. Y los “preclaros” suscritores del “aluvión zoológico” “viva el cáncer” y “cabecitas negras” volvieron a dar sobradas muestras de su “calidad espiritual” apoyando la asonada, calidad que hoy encontramos en los que defienden la existencia de dos demonios.
Jamás tuvimos dos, siempre hubo uno, y la historia así lo revela.
Y los tiempos se aceleraron. En septiembre del mismo año se produce el golpe con el cuál la “buena gente” “pone las cosas en su lugar”: derrocan a Perón. Y sigue la  “elevación espiritual”: Proscripción del peronismo, fusilamientos de partidarios del General Perón, prohibición de por vida de los deportistas que se manifestaron a favor del peronismo y exquisiteces tales como recorrer hospitales hechos y equipados durante el periodo del General Perón y destruir sus instalaciones y abandonar la construcción de cientos de miles de viviendas que estaban en curso. Y un par de etc. más.
Pero el hecho más funesto y violento cometido por la “revolución libertadora” fue el robo y ocultamiento del cuerpo de Evita.
Llevado a cabo por “cristianos católicos practicantes”, fue un hecho que tiene una carga de violencia explícita gigantesca y nunca antes vista en la historia, creo que del mundo. Evita era un ser amado por millones en Argentina, de ahí que también que a esa carga descomunal de violencia se le agrega la del mensaje: así como la hacemos desaparecer a ella, los haremos desaparecer a ustedes.
Y lo cumplieron: la proscripción duró 17 largos años de permanente resistencia.
Si afirmo que los sentimientos que empezaron a abrirse camino en sectores mayoritarios de la sociedad argentina fueron de marcada hostilidad y rechazo hacia el poder, no creo estar para nada equivocado.
Poder al que usaron, y también  abusaron, para favorecer a minorías. Se supone, según las afirmaciones de la “libertadora” que el “mal” era el peronismo, por lo tanto al ser derrocado dicho “mal”, los “biempensantes” se irían a sus cuarteles y a sus mansiones. Pero no fue así.
Llegamos al gobierno de Arturo Frondizi, otro “malo”, ya que los “buenos” lo sometieron a 24 planteos y a dos sublevaciones militares,  en las que se hace transparente la operatoria de los acreedores externos, el FMI, las Cámaras empresariales, la Iglesia, usando, como es evidente, el factor militar, que presiona sin solución de continuidad al cada vez más debilitado presidente. 
En 1961, el Presidente Frondizi (radical intransigente) legalizó al peronismo, que triunfó ampliamente en las elecciones a gobernador del 18 de marzo de 1962. Once días después el Presidente Frondizi fue derrocado y detenido.
Toma el poder  José M. Guido, quien anuló las elecciones, volvió a proscribir al peronismo, disolvió el Congreso y convocó a nuevas elecciones limitadas y controladas por los militares. 
Otra vez el poder oligárquico, el poder fáctico por encima del Estado de Derecho. Nuevamente, tenemos sobre las fuerzas populares la descarga de salvajismo político y económico propio desde siempre de ese poder “heroico”. Y llegamos entonces al período democrático encabezado por Arturo U. Íllia, que gana la Presidencia con el 25% de los votos. En el año 1965 el gobierno convocó a elecciones legislativas eliminando todas las restricciones que pesaban sobre el peronismo en la etapa previa.
El peronismo presentó sus propias listas de candidatos y triunfó ampliamente en las elecciones. También contemporáneamente a esto, comenzaba la aplicación de la Doctrina de la Seguridad Nacional, impulsada por EEUU, y apoyada por la oligarquía nacional.
Se procede a través de los medios a la demonización de Illia, para el 28 de Junio de 1966, con un golpe de estado, derrocarlo. Nuevamente la funesta burla a la voluntad popular.
Es sin duda muy larga esta crónica. Y tal vez aburrida. Pero es el tema de “los dos demonios” y “la verdad completa” la punta de lanza para buscar la impunidad de los genocidas y sus cómplices civiles, lo que me justifican la longitud y el aburrimiento. Cómplices, y  mandantes.
A caballito del error que significó elegir el camino de la violencia por parte de algunos sectores de la población, quieren conseguir lo que la lucha de Madres y Abuelas y el firme apoyo a los Derechos Humanos por parte del Gobierno de Cristina, se lo han impedido: quedar como patrióticos héroes.
Y en verdad, esta muy pequeña reseña histórica de lo hecho por los militares y sus cómplices-mandantes a lo largo de más de un siglo, deja en claro que quiénes eligieron el camino de la violencia lo hicieron empujados por la desesperación generada por esos mas de cien años de terrorismo de estado aplicado sobre las clases populares, de las cuales el peronismo es su principal representante.
En quiénes se violentaron por parte del campo popular nunca hubo proyecto ni planes de entregar las riquezas ni la soberanía de la Nación a los intereses del imperio dominante, como si lo hicieron los feroces poderes fácticos, que incluso llegaron, durante el gobierno de facto de Onganía, al salvajismo de expulsar a centenares de científicos de las Universidad Argentina, en aquella aciaga “noche de los bastones largos”.
Fueron víctimas de un poder corrupto y siniestro que se llenó siempre la boca hablando de ética y moral, cuando en realidad siempre sus prácticas estuvieron estrechamente ligadas a las zonas más oscuras del ser humano, a lo simplemente demoníaco.
La condición demonial de los poderes fácticos es tal, que llegaron a la barbarie de obligar a irse a trabajar al exterior a nuestras más brillantes mentes científicas, previamente echados a garrotazos de la Universidad
Esa condición de verdaderos demonios se manifiesta ya en su arrebato durante el proceso, en donde aplican el terrorismo de estado con absoluta falta de piedad o reglas éticas y morales a aquellos que tenían un proyecto de Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica, aunque habían elegido el camino equivocado.
Tal condición de los poderes fácticos no solo se manifestó en la represión ilegal, en la que debemos incluir como víctimas a mas de 3.000 pacíficos delegados obreros, sino también en los hechos de contraer una monstruosa deuda externa, con la consiguiente pérdida de soberanía,  paralela a un ajuste genocida que llevó al cierre de 22.000 fábricas dejando a 7 millones de ciudadanos en la desocupación con el método de liberar las importaciones.
El camino de la violencia como forma de lucha política elegido por el foquismo nacional fue equivocado, sin duda. Pero la violencia como forma de dominación fue siempre utilizada por los poderes entreguistas del país a lo largo de más de decenas de años.
Quienes respondieron a esa violencia que vino de arriba lo hicieron porque en ese momento histórico no era tan difícil elegir ese camino, debido a que todos en este país fuimos educados en ver a la violencia como algo potable, a través de tantos hechos aquí descriptos y otros muchos más que quedaron afuera de este humilde relato,  por fanáticos partidarios y ejecutores de la violencia.
Es el hecho de la violencia surgida de abajo una reacción lógica ante tanta violencia absolutamente impune durante tanto tiempo. Fue reacción de víctimas. Rechazable, pero fue reacción de victimas,  una reacción natural para cualquier ser humano. ¿O como se  reacciona  ante un ataque violento hacia su uno? Y convengamos que hubo muchos ataques hacia las clases populares.
Y hay un hecho de violencia muy repetido también a lo largo de nuestra historia y que se agrega a lo antedicho: La impunidad,  absoluta  para quienes aplicaron sistemáticamente el terrorismo de estado hacia el pueblo fue, tal vez, el disparador de esa violencia que surgió desde abajo.
Gracias a Dios, la violencia como forma de lucha política, hoy día es absolutamente rechazada por la más amplia mayoría del país.
Pero considero que en una porción de nuestra sociedad, bastante importante en cantidad de habitantes y en poder económico, que siempre apoyaron los golpes de estados y toda la represión y el terrorismo que se aplicara sobre las clases populares no están en la situación de rechazo a la violencia.
Su apoyo  a lo que es una de las formas de violencia más sutil y criminal que el hombre ha inventado, el ajuste económico como forma de organizar la economía y sentido de vida, me hace afirmar tal cosa.  
Fueron, son y seguirán siendo victimarios, victimarios de las clases populares, eternamente necesitados de encontrar sectores que se pongan a su altura, que asuman la violencia como método de lucha política, para así justificar su eterna “solución para todo”, la represión indiscriminada contra toda forma de reclamo, protesta social y ansias de Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica.
Victimarios que hoy se victimizan, que  acusan, que exigen “verdad completa”. “Víctimas” que jamás han tenido ni tendrán un pedido de aumento de sueldo o un mejoramiento de derechos para el trabajador.
Que hoy se desgarran las vestiduras pidiendo por los pobres, pero piden rabiosamente un ajuste. Hipocresía total y siniestramente canallesca. Tal es la calidad humana de estas “víctimas”.  
Y la verdad completa está en esta humilde y breve historia argentina de la infamia. Y no porque yo lo diga, sino porque son hechos comprobables, y que como tales dejan en claro lo que son los que los que, orgullosamente, los llevaron a cabo.
Como se puede ver, en nuestro querido y pisoteado país solo ha existido y existe, un solo demonio, que como tal, sigue buscando la aplicación de políticas generadoras de miseria y exclusión, (violencia si la hay) y, por supuesto, como no puede ser de otra forma, la impunidad. Dos cosas que gracias a los Gobiernos de Néstor y Cristina, no están consiguiendo.

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