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viernes, 9 de diciembre de 2011

Cristina y su mayor logro: la deconstrucción de la Argentina



Hubo una época, no sé si les pareció lo mismo a ustedes, en que las mayorías coincidíamos en un tópico muy importante: criticar al gobierno de turno. Lo criticábamos y a la vez también coincidíamos en lo que ambicionábamos para el país: crecimiento, pleno empleo, buenos sueldos, movilidad social ascendente, paz social, en suma, un sostenido progreso.
Es fácil comprobarlo, recordando algunos nombres como Lanata,  Majul, Leuco, Caparrós, Van der Koy, Blanck, Tomás Abraham, Silvina Walger, Eliaschev, Aguinis, en fin son muchos sin duda, aquellos con los que la mayoría coincidíamos
Pero algo pasó, porque hoy en día a esos con los que estábamos casi en todo de acuerdo, los tenemos en la vereda de enfrente, y de manera muy virulenta.
¿Y qué fue lo que pasó? Porque algo tiene que haber pasado, ya que ahora estamos en veredas distintas con respecto a las estrellas del firmamento de la comunicación. Y es honesto y muy cierto decir que en las que fueron guía para nosotros durante tanto tiempo, hay un inconmensurable odio.
No creo que haya posibilidad de discutir eso.
Y no es que estoy diciendo que este gobierno o nosotros, los que lo apoyamos, somos perfectos, nada más lejos de mí. Pero sí digo, con todas las letras, no estamos envenenados por el odio como lo están ellos. Es más, amamos, y no hace falta aclarar a quienes.
Comienzo a hurgar en mis recuerdos, tratando de encontrar en mi pobre marote, algún detalle, algún hecho que me ayude a entender lo que sucedió, (sucede). Yo también cambié, creo que cabe decirlo, ya que en el año 2003, no voté por Néstor. Soy peronista, pero no voté por él, de hecho, lo hice por la Carrió. (Perdón)
No confiaba para nada en Menem, (en realidad, nunca lo quise) y tampoco en Duhalde. Y estaba desesperanzado, y con 52 años de edad, sin creer para nada ya en la política.
Creo que habrían pasado 15 días de la asunción de Néstor, cuando al levantarme una mañana para ir a trabajar mi primer pensamiento fue que teníamos un presidente con ya dos semanas en funciones, y no nos había echado la culpa a los trabajadores de los males del país, que no hablaba de ajustar para “salir adelante”, que no pedía el clásico “sacrificio” (de los demás).
Que hablaba de gasto social, de aumentar el consumo, de inclusión, de generar un círculo virtuoso con el gasto público, y que lo decía siendo ya presidente en funciones. Algo nuevo, realmente nuevo para muchos en este país, según yo creo. Y ahí es cuando yo comencé a apoyar cada día más  a Néstor, hasta llegar al día de hoy en el que tengo un compromiso con este modelo.
Pero les cuento, que al mismo tiempo que yo comenzaba a apoyar a Kirchner, un amigo mío, ya fallecido, comenzaba a odiarlo fervientemente. Y esto estaba sucediendo en una parte importante de la sociedad argentina. Mientras unos lo empezábamos a amar, otros seguían el camino inverso. El tema, muy llamativo para mí,  es que lo odiaban personas con las que siempre habíamos coincidido en diagnósticos y proyectos, al menos en líneas generales, en lo básico.
Y aparece un señor que comienza a aplicar esos lineamientos generales, y como resultado inmediato, empezó el odio. Había una gran uniformidad que comenzaba a desaparecer. Uniformidad que por supuesto no era absolutamente real, que no llegaba a lo profundo, pero que si tenía un gran sustento mediático, lo que no nos permitía ver con claridad quién era quién en este amado país.
Recordemos la uniformidad en cuanto al tema del ajuste, también aquella afirmación de la Dra. Carrió: “la gente los quiere matar”, afirmación que quedó como crónica de algo real, de algo que era sentido por las mayorías.
Esta desaparición se completó para siempre durante el conflicto con el campo. Se vió, como los medios más importantes, que durante la “uniformidad”, esto es, durante la vigencia del relato hegemónico de los poderes fácticos, se vendían como “objetivos e independientes” apoyaban claramente “al campo”.
A esa masa “homogénea”, se le estaban viendo las partes, los ingredientes, se estaba viendo la verdadera identidad ideológica, de algunos de sus componentes, su verdadera catadura moral,  le estábamos descubriendo su  verdadero sabor.
En la negación a ceder una parte de esa renta extraordinaria generada por el precio de la soja, está la prueba de lo que fue un montaje, la construcción de una gran mentira, en realidad, que ponía a la clase dominante como paradigma de ética en la Argentina, y que el accionar del gobierno de Néstor, luego continuado por el de Cristina, había comenzado a deconstruir, a desmontar, para así mostrar la siniestra miseria anidada en las almas de los “biempensantes” haciendo ya imposible para ese sector y sus laderos mediáticos, el ocultarse detrás de los “altos intereses de la Patria”.
En esa deconstrucción llevada ahora adelante por Cristina, se pudo apreciar, por ejemplo, lo acertado de la afirmación de la igualdad entre el hombre y la mujer. Quedó ya más que claro que este proceso fue llevado adelante por una mujer, que no había doble comando, sino una militante con una historia de permanente construcción colectiva de poder por detrás. La gestión y los resultados después de la muy prematura muerte de Néstor es la prueba contundente de lo que afirmo.
Cristina decretó la muerte del machismo. Su 54% en las generales, creo que así lo prueban. Es obvio que el machismo está muy vivo, pero la Presidenta lo mató  al dejarlo sin sustento “intelectual”, ya que gracias a su tarea, no se puede afirmar que la mujer “no sirve”, que “no es capaz”.
Hay, según mi parecer, un aumento de la violencia sexista en Argentina que guarda relación con esta demostración tajante de la igualdad. Es la contrapartida, es la reacción a una acción que era por demás necesaria y esperada por las mujeres todas. (¿Y por qué no también por muchos hombres?) Esta demostración empírica de la igualdad entre hombre y mujer, ha puesto en evidencia lo siniestro de la concepción machista de la realidad.
Y es muy fácil comprobarlo: Nadie ha muerto porque Cristina ha demostrado sus capacidades, su condición de igual.
Por el lado del machismo, recomiendo leer el siguiente link: http://www.amecopress.net/spip.php?article4809
Este proceso deconstructivo, puso en evidencia también de manera muy clara a la Dra. Carrió, como una prueba más de la ya indiscutible igualdad entre los sexos. Cristina ha quedado como demostración de que lo más positivo de la condición humana está más que presente en la mujer y la Dra. Carrió, como su contraparte, con una carga negativa tantas veces vista en tantos hombres. Más claro…
Gran mérito el conseguido por el kirchnerismo, esto de lograr separar  las partes para que, fácilmente, de manera natural,  se vean quienes nunca tuvimos careta, y así agruparnos, dejando en claro que no somos la misma cosa, que hay una natural división, división que se debe ver claramente, para que las nuevas generaciones, que en algún momento se quedarán con la posta, no puedan ser engañadas. Que re-conozcan su sabor.
Natural división tantas veces usada para acusar al kirchnerismo de “agresivo y disolvente”, acto hipócrita, además, de la oposición toda, ¿ya que donde está la “unión” de esos sectores, con por ejemplo, los obreros y las Madres?
Y no hablemos de lo “pacífico y unificador” que es el ajuste, eterna propuesta de vida (para el pueblo) de los “almas bellas”, católicas, apostólicas, romanas.
Los participantes somos los mismos, pero nos pasó como si El Bulli se hubiera internado en la sociedad argentina, la hubiera desarmado y dejado ahí, como para que después cada uno arme su receta como le plazca. Armado que se dio, en dos platos distintos, con dos sabores contrapuestos, uno pleno de amor, proyectos y alegría, y el otro saturado del indudablemente amargo sabor del odio.
Porque es odio a niveles nunca visto lo que constantemente muestran. Odio que exponen porque no tienen proyecto  para mostrar, o mejor dicho, tienen un proyecto, pero es el que se está imponiendo en Europa, un proyecto de muerte en vida, cuando no literal. Y ahí está de la forma más  clara posible el efecto de la deconstrucción lograda por el kirchnerismo: que se muestren tal como son, y son profundamente destructivos.
Este logro  creo que no ha sido suficientemente reconocido por nosotros. Logro que continúa en marcha, como podemos advertir en la virulenta oposición a la creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. Si son poseedores de la verdad de nuestra historia, ¿cuál es el problema? En cualquier debate que se haga lo podrán poner en claro. ¿O no es tan verdad lo que han escrito de nuestra historia?
Hicieron Néstor y Cristina, en suma, caer las caretas. Consiguieron desestructurar a una sociedad, dejar sus piezas a la vista, y hacer más que evidente la dominación que sobre esas piezas ejercía  un relato, una subjetividad construida a sangre y fuego, que contó la historia y diseñó la  economía, economía que contaba con un solo y amargo plato en el menú, el del ajuste y su miseria subsecuente, y cuyos sus defensores siempre fueron y son mostrados como mesías salvadores de los “destrozos” populistas.  
Vemos ahora claramente a quienes son los que sí quieren una nación Justa, Libre y Soberana y quiénes nos quieren mantener como vulgares esclavos de los intereses financieros mundiales.
La ética declamada por los poderes fácticos quedó expuesta a todos como lo que es: solo declamación vacía, una absoluta hipocresía.

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