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miércoles, 4 de enero de 2012

La derecha como ejecutora del mal.

Lo sigo sosteniendo: la oposición esta recargada, corregida y aumentada. Y no estoy diciendo que fue algo liviana en cuanto a su virulencia. Sí ha sido absolutamente liviana en cuanto a hacer política en serio. El hacer política, la sí-política, si se me permite la licencia, ha estado más que ausente de sus intencionalidades y accionar.
¿En qué me baso para tal afirmación? Solo “acusacionismo” ha hecho la oposición. Acusar, acusar, acusar. Recordemos solo dos: “Aduana paralela”, y el más reciente caso Schoklender. Y la pobreza. Como han reclamado y acusado al Gobierno Nacional por los pobres. Y en verdad los hay en el país, entendiendo como pobres a aquellos que no tienen trabajo y sólo poseen como modo de vida alguna changa o ayuda estatal.
Entonces mandan un movilero, visitan a una persona o a una familia, la muestran luego por el canal, y conmueven, porque la miseria siempre conmueve, y no está para nada mal que los medios denuncien y muestren las carencias. Pero hay un pequeño detalle, mejor dicho, dos, que aviesamente,  a uno olvidan mencionar y al otro lo mencionan claramente.
Primero, que la miseria que todavía tenemos es heredada de las “gloriosas” épocas  neoliberales, muy patrocinadas por algunos de los actuales “defensores de pobres”,  y lo que me parece muy siniestro y manipulador, es que muestran ese o a varios casos similares como la única realidad, como lo único que pasa en el país, en suma, “demuestran” que todos estamos en la miseria.
 La conclusión a la que llegan y con la que bajan línea estos “defensores de pobres” es entonces muy simple: nada ha hecho el kirchnerismo por la gente, por los pobres. La negación absoluta. Negación y tergiversación.
Porque sostener que el Gobierno no ha hecho nada para combatir la pobreza es algo que el clásico latiguillo usado por los “biempensantes” se encarga de desmentir, cuando se da una ayuda: “Le dan plata a los vagos”. ¿En qué quedamos? ¿Hace o no hace el gobierno? ¿Los pobres son pobres o son vagos? Si se los ayuda, el Gobierno hace “clientelismo”, si no ayuda, está todo el país mal por culpa de Cristina.
Lo que más claro deja esta forma de la no-política, es el caso de los subsidios. Hace años que vienen diciendo que son un derroche, y ahora que el gobierno los va aplicar muy selectivamente, esto es, solo al que los necesite, dicen que el Gobierno está haciendo ajuste, que está atacando y dañando gravemente a la clase media.
El caso paradigmático es el del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que, como opositor que es, también venía diciendo desde hace años que los subsidios son “un derroche”, pero cuando le ofrecieron el traspaso de la administración de la concesión de los subterráneos, exigió subsidios por… ¡6 años más!
Y así llegamos al caso de la Ley de democratización del papel prensa. Se han dedicado los últimos días a “aclararle” al mundo que la Ley es un artero ataque a “la libertad de expresión”. Pero por supuesto, en ninguna nota han publicado el articulado de la Ley. Como para que todos los lectores, digo, comprueben que ellos son los que dicen la verdad.
Y ni hablar de los foros en internet, en donde encontramos verdaderas cloacas, foristas que hacen gala de una capacidad superlativa para el insulto, la descalificación, la injuria. Y que después acusan al kirchnerismo de ser “confrontativo y crispador” ¿A que se deben estas cuestiones de las acusaciones, contradicciones, tergiversaciones, hipocresías y mentiras, vertidas a granel y sostenidas en el “principio” de la presunción de culpabilidad, “principio” aplicado con verdadera fruición  por el conjunto de la oposición? ¿Qué no pueden ser oposición por estar bajo un “régimen”?
El hecho de que dicen las peores cosas que se puede decir de un ser humano, cosas que creo en algunos casos no se dicen ni del diablo, desmiente tajantemente que haya algún límite a la libertad de expresión. Y no debemos olvidarnos que por un proyecto de Cristina, se despenalizaron las calumnias e injurias en lo referente a las cuestiones públicas.
Volviendo a la presunción de culpabilidad, debemos tener presente que es el sustento con el cual la oposición lleva a cabo todas sus acusaciones. Especulan con la posibilidad de que la gente también se maneje con la presunción de culpabilidad, esto es, que baste solamente la acusación mediática para que alguien sea declarado culpable sin atenuantes. Me parece que están acertados, hay gente en este país que se maneja con este “principio”, aberración barbárica si las hay.
Desconozco si existe alguna posibilidad de subsanar este absurdo, pero estoy seguro que parte de la solución al problema que presenta el poder que tiene este extravío de la presunción de culpabilidad es hacer constar clara y permanentemente su presencia en las acusaciones que vierte la oposición.
Indudablemente la oposición tiene que tener ideología, no hace falta que lo explicite. Por lo tanto, ya que insisten en que estamos en un desastre, que esta Administración hace todo mal, que se viene la hecatombe, pueden exponer su proyecto. Pero no lo hacen. Remarcan constantemente que todo está corrupto en este Gobierno, por lo tanto, lo natural es que deberían entonces aprovechar las facilidades que da este desastre ético y económico y mostrarnos la opción salvadora, pero a esta altura pareciera que no tienen un proyecto de país.
Pero no es así. Lo tienen, pero no lo pueden mostrar. Y el proyecto que impulsan es el que se está imponiendo en Europa: el ajuste. ¿Y por que el ajuste es la salvación del “desastre kirchnerista” para el país? Hemos pasado unos cuantos años en ajuste, y no voy a explicar lo que fue eso.
Y claro que no fue salvación para nadie, como no sea para los poderes fácticos, los que ya siendo muy ricos, con el ajuste se enriquecen aún más con la feroz transferencia de recursos que es tal “salvación” Entonces, porque tanto odio, tanta injuria y descalificación, tan feroz oposición a la inclusión, oposición que manifiestan disfrazándola de crítica a la “corrupción y el desastre kirchnerista”
Me resulta incomprensible esta actitud. Peeeeero…. si me pongo a pensar en El Mal, así con mayúsculas, la cosa me empieza a cerrar. No es fácil definir al mal, pero algunas nociones tenemos en la cultura humana sobre lo que sería el mal.
Básicamente lo podemos definir como la ausencia de bondad, de amor al prójimo. Pero cuando, desde lo político, desde el manejo de la cosa pública, hablamos del mal, hay una definición que  me parece muy acertada para hablar del mal, y es aquella que establece que el mal es aquello que no nos gustaría que nos pasara a nosotros mismos.
Concordamos la mayoría que una política económica debe tender a lograr bienestar y progreso para todos los habitantes del país en que se aplica. Esto es el bien. Hacer el mal, entonces, es hacer todo lo contrario. 
¿Y quienes estarían ubicados en el bien y quienes en el mal en nuestro querido país y porque no en el mundo? El Gobierno Nacional soporta diariamente toda una sarta de diatribas por parte de los medios y políticos opositores por la simple razón que, según ellos, esta administración no lleva al país hacia el desarrollo, hacia el pleno empleo.
Esta afirmación me permitió suponer que tenemos un consenso muy importante con la oposición: El desarrollo, el pleno empleo es bueno, es el bien. Ahora, la oposición, a la hora de aplicar políticas que lleven al progreso, al pleno empleo, ¿cuáles son las que apoya? ¿El aumento del consumo? No, porque provoca inflación: “hay que enfriar la economía”, dicen.
 Traduzcamos: enfriar la economía es menos empleo, menos crecimiento, más gente en la miseria. ¿Hace falta aclarar mediante que trasto se enfría la economía? ¿Pero no es que la derecha es progresista? ¿Nos explica el diestro costado de la política como tenemos que hacer para comprender que el ajuste es progreso?
Porque en Europa están aplicando criminales ajustes, y los presentan como el camino para llegar a la solución. Quedarse sin trabajo, mejor dicho, dejar sin trabajo a millones, es entonces, según la visión de la derecha, el bien. Es al menos un poco curiosa esta concepción del bien que tiene el conservadorismo.
Pero como la persistencia de los guardianes del progreso  en sostener que el ajuste es lo mejor, me pregunto: ¿se incluyen en las políticas de ajuste? No. ¿Y por qué?  Si es lo “mejor” ¿por qué no entregan la mitad de sus fortunas para el ajuste? No lo hacen porque son El Mal.
Hace pocos días, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que es opositor y de derechas (partidario del ajuste permanente) vetó una ley que daba protección a las cooperativas, formadas con empresas quebradas, hasta el año 2017.
¿Con este veto salvó al mundo?  ¿Salvó al país de la bancarrota? ¿Cuáles son los valores éticos en los que se basó para aplicar el veto? ¿Los ha hecho público?  ¿Qué tiene de ético desamparar a un grupo de cooperativistas? ¿Acaso las grandes empresas no necesitan protección o ayuda crediticia  y muy recientemente, varias gigantescas empresas debieron recibir salvatajes? ¿Por qué entonces no proteger a una cooperativa?
Desde hace varios años el mundo viven en crisis, y deberán convenir las derechas que el manejo de ese mundo no está en manos de la masa obrera mundial, si no que está en manos, como todos saben, de los bancos y demás grandes empresas, de los más ricos. Sin embargo, a pesar de ser los antedichos los “únicos capacitados” para manejar la economía del planeta, las crisis se producen. Y por supuesto hay que solucionarlas, esto es, pagarlas. ¿Y quienes la tienen que pagar? ¿Los potentados? No, los asalariados, la clase media. Esto, es el mal en estado puro.
Es innegable que el mal depende de quién lo interprete, que es subjetivo, y puede haber grandes diferencias de una cultura a otra. Pero convengamos que ocasionar sufrimiento a un ser humano no pareciera ser el bien. La miseria es una causa de sufrimiento bastante extendida y además innegable como tal, ¿cómo se puede afirmar que provocarla es un acto de amor, hacer el bien? Se puede llegar a esa afirmación si se es partidario del mal, si se cultiva la maldad, esto es, producir hechos que generan dolor, tanto físico como espiritual.
Y actitudes que prueban claramente quienes son los que provocan el mal en este mundo es lo que sobran. Por ejemplo, quién no ha escuchado decir a los empresarios “que el sueldo es inflacionario” Esta afirmación no resiste el menor análisis. Sin embargo es una “verdad” defendida a capa y espada por los poderes fácticos del mundo entero. La defienden porque son el mal. ¿Por qué lo digo? Si fuera verdad lo que dicen, ¿por qué no lo someten a una discusión y auditoría pública? Y defienden esta “verdad” como defienden desde hace siglos otra gran “verdad”: “los pobres son pobres por que quieren”
Pero cuando acusan a Cristina de no hacer nada por los pobres, ahí nos dejan en claro que los pobres existen por culpa de este Gobierno, que hay un sistema que los provoca, sistema con el cuál no tienen nada que ver. Esto es simple maldad. Son el mal y disfrutan haciéndolo.
Y llevan en nuestro país más de 100 años disfrutando de la riqueza que obtuvieron con el robo y aniquilación provocado durante la campaña al “desierto” comandada por el genocida J. A. Roca padre. Pero como se llenan la boca hablando de los pobres aborígenes. ¿No es prueba de la más profunda maldad “defender” a los aborígenes siendo ellos los beneficiarios del robo de millones de hectáreas a los pueblos originarios? Porque la Sociedad Rural Argentina, los medios  y políticos opositores actuales, son los continuadores de aquellos beneficiados, ya sea por posesión y disfrute de esas riquezas robadas, como por ideología.
Reconozco que encontrar un marco de referencia universal para declarar de manera tajante lo que es el bien y lo que es el mal  es probable que nunca se alcance. Quizás puedan encontrarse líneas de coincidencias entre unas culturas y otras, pero el carácter intransferible que en algunas sociedades tiene el individuo hacen imposible una conceptualización definitiva y de carácter universal de las nociones del bien y del mal.
Peeeeero…
 En el período que va de los años 1880 al 1916 se impuso, en lo económico, la inserción de nuestro país en la División Internacional del Trabajo, lo que nos llevó a ser productores y exportadores de materias primas y alimentos e importadores de la mayor parte de los productos elaborados, productos con valor agregado, que se consumían en el mercado interno;  y en lo político, la conformación de un estado moderno a partir de instituciones a imitación de la Europa de fin de siglo con el propósito de ofrecer todo tipo de garantías a los capitales extranjeros que invertían (saqueaban) en nuestro país.
Esta serie de medidas produjo dos hechos muy importantes: Nos impidió la industrialización y nos convirtió en colonia del imperio británico. Es harto conocido que quienes aplicaron este modelo, lo defendieron como lo mejor para el país. Si es lo mejor para un país, ¿cómo es que no lo eligieron para sí Inglaterra y Estados Unidos, por ejemplo? Estas dos potencias, ¿se convirtieron en imperios siendo exportadores de materias primas?
Está claro que quienes construyeron este país bajo la opción de la entrega y el subdesarrollo, la defienden, pero resulta que durante la aplicación de estas políticas el 80% de la población quedó en estado paupérrimo, mientras que esta “minoría iluminada” se enriqueció a niveles superlativos.
Para ellos fue hacer el bien, pero al autoexcluirse de las consecuencias negativas de sus manejos deja en evidencia una clara inclinación al mal en su más puro y siniestro estado. Convertir a un país en subdesarrollado y en una colonia, de ninguna manera puede ser asignado al bien.
Y lo más triste y peligroso es que hoy día esos ejecutores del mal fundadores y sostenedores del país, que  con Cristina a la cabeza, muchos queremos dejar atrás, tienen continuidad. Y no hace falta hacer  nombres. 

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