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martes, 25 de diciembre de 2012

Cristina 1 - Los Mayas 0


Y resultó que el fin del mundo no llegó: Los mayas no acertaron. Pero Cristina sí: “De aquí al 7 de diciembre veremos cosas estrambóticas”, dijo.

Afirmo que le acertó en un 100 por 100. Los saqueos-robos, cosa estrambótica si las hay, ya que considero que no hay condiciones objetivas para un alzamiento popular, que a pesar de estar organizados y habiendo sido amplificados por algunos medios “objetivos”, no prendieron.

Por supuesto que no considero como cosa estrambótica a las, hasta ahora, 2 víctimas fatales. Eso es tragedia.

Haciendo un cálculo caprichoso, creo que podemos hablar, en todo el país, de unas 6 o 7 mil personas (tal vez algo mas)  que salieron empujados por sus “necesidades básicas” a sustraer LCD, plasmas, cajas registradoras y…perfumes y artículos de limpieza.

Yo no cuento con pruebas para afirmar que esta es otra movida desestabilizadora llevada a cabo, al menos en su parte de “mano de obra”,  por el sindicalismo de Moyano, Venegas y Barrionuevo. Perooooooooooo….

¿En qué me baso? En un razonamiento muy simple: si no sabes de donde viene un atentado, averigua a quién beneficia. ¿A quién beneficia el incendio de la calle? ¿Lo digo?

Magneto dixit: “soy optimista, porque la sociedad está empezando a reaccionar y pienso que tiene reservas para sostener esta batalla en el tiempo". ¿Hace falta aclarar porque  Magneto necesita y le conviene una “reacción de la sociedad”?

Una de las primeras noticias que se tuvo sobre quienes podrían estar detrás de los saqueos fue sobre Héctor “Paraguayo” González, dirigente sindical cercano a Hugo Moyano que fue visto entre los saqueadores de Campana. Y dicen que estaría entre los detenidos por participar de esta “movida”

También paso lo mismo de siempre que hay protestas  que terminan en violencia y destrozos: encapuchados. ¿Si están tan necesitados, cosa que yo no niego que existan, porque ocultan su cara? Eso no pasó en los saqueos del 2001. Cuando hay hambre, no hay ganas de pensar en nada que no sea en comer a como sea.

Se encapuchan porque tienen una pertenencia ideológica y de organización que no debe ser puesta de manifiesto, no deben ser conocidas sus identidades porque así se va a saber a quién obedecen.

También pasó otra cosa que a mi juicio es prueba de que estamos viviendo tiempos muy distintos a los del 2001: gente que observaba los saqueos y no se unía a los saqueadores.

Es cierto que en el 2001 también salieron aparatos a iniciar los saqueos, pero esa ves sí la gente no se quedó mirando: se unieron. Y se unieron porque realmente había hambre. Hambre y su consecuencia lógica: desesperación.

Nadie, ni desde el Gobierno ni desde la militancia niega la existencia de inmensos bolsones de miseria, pero también es innegable que hay mucha ayuda, y lo digo no porque lo afirme Cristina, sino porque es una de las principales críticas que la “oposición” (enemigos en realidad) le hace al Gobierno: “los planes asistencialistas”.

No hay olvido ni abandono, y no estoy diciendo que esos grandes bolsones de miseria tengan solucionados todos sus problemas, solo digo que no están abandonados, alguna ayuda reciben, incluso no es solo del Gobierno, ya que hay muchas organizaciones, como la de Juan Carr o Cáritas  (Hay muchas más) que permanentemente reparten ayuda de todo tipo a todos los sectores que están en la miseria, que ¡Gracias a Dios! (Y a Néstor y Cristina, por supuesto) cada día son menos.

También circuló una versión que indicaba que en las villas de Santa Fe se habían apersonado punteros y dirigentes sindicales de segunda línea ofreciendo $200 a cambio de salir a saquear.

No tengo elementos para sostener que esto sea verdad, pero es innegable que hay algunos sectores del sindicalismo que están apostando a una “guerra nuclear”, “guerra” que tal vez le convenga a varios más en este país.

Es muy llamativo que a partir de que el Gobierno Nacional acusó con nombre y apellido a los sindicalistas opositores, el vulgar robo comenzó a desaparecer, a pesar de que un título de tapa de Clarín indicaba que estos continuaban en la provincia de Tucumán. Incluso, desde la Iglesia Católica se habló de “instigamiento al descontrol”.

No tengo ninguna duda de que están desesperados en la “oposición”, ya no saben que intentar, todos los “argumentos” se les cayeron: partido militar, golpes de estado duros, corridas cambiarias, golpes de mercado, y ahora, este intento de incendiar la calle, suerte de golpe de estado “institucional” o “blando”.

 No sé cómo van a hacer para seguir insistiendo con que el país está “al borde del abismo”, que el “nivel de pobreza es insoportable” y cosas por el estilo. El Gobierno, creo, parafraseando a Mariana Moyano de 678, ha superado la prueba del ácido: si estuviéramos viviendo un infierno tanto en lo económico como en lo social, sin duda el saqueo hubiera sido imparable.

No sucedió, y no sucedió porque si bien queda mucha miseria en el país, sostengo que cada día es menor, y que además no está sin contención, ya que, repito, tanto desde el Estado como desde muchas organizaciones de ayuda, reciben aunque sea un mínimo de socorro, tanto en alimentos como también en atención médica y  remedios.

Asistencialismo y “planeros” le llaman algunos biempensantes, que a partir de ahora seguro sentirán mucho más odio tanto hacia el Gobierno como hacia los que reciben esa ayuda, ya que el fracaso del saqueo ha sido un éxito más de Cristina.

Es obvio que las víctimas de la pobreza estructural y el neoliberalismo están afuera del sistema, fueron echados por el proceso genocida, algo que el gobierno de Alfonsín no pudo o no supo revertir y que después, el tándem corrupto y neoliberal de Menem y Cavallo,  continuaron haciendo, y, con el aporte de De la Rúa y algunos más, se llegó a una desocupación de 22 puntos.

 Y esa desocupación no existe hoy día. Y para probarlo, ya que pareciera que no alcanzó el informe del Banco Mundial dando cuenta que la clase media en Argentina se duplicó durante los Gobiernos kirchneristas,  está este nuevo fracaso del odio.

Creo que darían lástima, si no fuera que son muy peligrosos.

¡Nunca menos! Que tenemos con qué.

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