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sábado, 18 de mayo de 2013

Y se murió Videla. Que lástima

                  Imagen: Juntitos, juntitos los “protectores de la democracia”

Tal como le prometí al Sr. Hugo Banegas, cumplo en poner que dicho señor es el autor de la foto que encabeza este post.
Para verificar, agrego el link del autor: 


Pido disculpas por la omisión.



De eso no se salva nadie. Cualquiera lo sabe. Pero a mí me entristeció su muerte. Y no vaya pensar el que lea esto que es porque lo quisiera a Videla. Lamento su muerte precisamente por todo lo contrario. Y como la muerte nos llega a todos, mi deseo más profundo era que viviera la mayor cantidad de tiempo posible.

Y por supuesto, en las mismas condiciones en que murió: preso. Y en cárcel común. Como corresponde.
Soy creyente, católico, pero no tengo puntos en común con Videla y su compañía de genocidas respecto a su visión de lo que es Dios. No puedo, por más que haga todo el esfuerzo, conectar a Jesús con la tortura y desaparición de personas y el robo de bebes.

Y tampoco puedo vincular al Mesías con el ajuste, el endeudamiento monstruoso, la apertura indiscriminada de la importación, que fue acompañada por el cierre de 22.000 fábricas y la consiguiente desocupación para millones de argentinos. Tampoco lo puedo imaginar a Jesús diciendo “que da lo mismo fabricar acero que caramelos” tal como afirmó muy suelto de cuerpo el también fallecido Martínez de Hoz.

La veracidad de las acusaciones que pesaban sobre el genocida, ha sido demostrada hasta el hartazgo en la Justicia, no hay nada que alguien fanatizado por el odio antikirchnerista o de cualquier otro origen pueda negar al respecto. Ahora, la pregunta que me surge es, como una persona se puede convertir en un asesino de miles de personas, de manera sistemática y con toda la tranquilidad del mundo. Porque en los Videla y los Pinochet no hay ningún arrepentimiento, ninguna duda de lo “justo” de su accionar.

Están, estuvieron tranquilos y orgullosos de su accionar. ¿Qué es lo que les dio esa tranquilidad y orgullo? La respuesta, fácil considero, es que simplemente porque son hijos de puta. Pero para mí es imposible pasar por alto la condición de cristianos de todos estos ladrones genocidas. O al menos, estamos hablando de gente que iba a misa, comulgaba y rezaba. ¿Cómo es posible que hicieran lo que hicieron? ¿En qué parte de los Santos Evangelios, Jesús justifica la tortura, tanto la de la picana como la del ajuste y la desocupación?

Y lo pregunto porque el mismísimo Videla reconoció, tal cual quedó registrado en el libro de Ceferino Reato, Disposición Final,  la “buena relación” que el proceso corrupto y genocida mantuvo con la Iglesia Católica Apostólica Romana. No lo estoy inventando. Y si por si surgieran dudas, baste recordar que mientras duró la noche nunca la Iglesia se manifestó en contra de los milicos. Eso me hace pensar que el sustento de la tranquilidad y el no arrepentimiento provienen del lado de la ICAR.

 ¿Habrán encontrado un nuevo Evangelio en donde el Cristo dice que los problemas políticos y económicos de un país se solucionan con el ajuste, la tortura y la desaparición de personas? ¿Y el infierno? ¿O acaso los que hacen el mal no se van al infierno? ¿O hacer lo que hicieron los militares, no es el mal acaso?

Sin embargo, no hubo, no hay y todo pareciera indicar que no habrá miedo al castigo eterno en ningún represor, ya que además, todos han callado, nadie dice nada de cuál fue el destino final de los desparecidos ni de los bebes robados.

Han contado, en sede judicial, decenas de testigos, que el Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina de esa época, Monseñor Adolfo Tortolo, que además fue Vicario General Castrense, visitaba los centros clandestinos de detención, durante las cuales, bendecía las armas y los instrumentos de tortura.

En esas “visitas espirituales”, cuando alguien se animaba a contarle las tortura a la que eran sometidos, este “cristiano” monseñor les respondía: “Cállense, cállense… ustedes no saben: Videla es oro, Videla es oro en polvo”. Por lo que se puede apreciar a través de estos testimonios, la relación era algo más que “buena”, yo diría que eran cómplices

Todos los represores son creyentes, van a misa y comulgan diariamente, por lo tanto no me queda otra opción que creer que toman el mensaje cristiano como la justificación divina, por lo tanto, indiscutible, de que la represión más siniestra y genocida  de la que se tenga memoria en Argentina fue un mandato divino, y al haber ellos cumplido con ese mandato divino, tienen la salvación asegurada ya que han hecho lo correcto.

Cosa rara, nunca, a pesar de la referencia que siempre hacen a los valores cristianos, nos han explicado en cuáles versículos de la Biblia se basaron para estar tan seguros que todo lo hecho es por santidad y les asegura la salvación. Ni los militares, ni sus mandantes civiles, ni la Iglesia lo han hecho. Es obvio quien les dio el sustento espiritual para poder tirar gente viva desde aviones al mar, sustento que sin duda fué muy efectivo, ya que nadie de los participantes de la represión, hasta el día de hoy, se ha presentado a la Justicia a declarar, como ya todos sabemos.

Está muy claro que cualquiera en este mundo tiene el derecho de defenderse ante un ataque, en este caso, los militares. Que siempre fueron la guardia armada de los intereses de las clases dominantes y los imperios, inglés  primero y estadounidense después, y no “de la Patria”  como  siempre versearon.

Fueron atacados y por supuesto hicieron uso de ese natural derecho a defenderse. Pero, ¿es defenderse atar a una persona a una cama y podrirlo en vida? Esto, que parece un delirio, se logra aplicando  la picana y acto seguido golpear con una vara o fusta. Lo que sucede es lo siguiente: la picana contrae los nervios y músculos y el golpear los relaja, y esa permanente contracción-relajación consigue la putrefacción de los tejidos. Y lo hicieron con mucha gente.

Insólita manera de entender el derecho a la defensa propia, la piedad cristiana y el Dios es amor por parte de estos “cristianos” La pregunta del millón: ¿Por qué razón se atrevieron a tanto? Se justifican, ya lo sabemos, con que “los montoneros eran terroristas” y otras frases más por el estilo. Pero, ¿y lo que hicieron con la economía? Porque al hundir la economía del país, hundieron al 90% de la gente. ¿Éramos todos terroristas?

El daño fue total, en el más amplio sentido de la palabra total: Torturaron, desaparecieron, robaron empresas, robaron bebes, cerraron miles de empresas, contrajeron una monstruosa deuda externa que hasta el día de hoy, nadie de estos “verdaderos cristianos” se ha dignado a explicarnos los “beneficios”  que el país obtuvo por contraerla.

Con respecto al robo de empresas llevado a cabo por estos “profundos y convencidos cristianos” recomiendo muy especialmente leer este post: http://www.pajarorojo.info/2013/05/los-iaccarino-un-caso-testigo.html

Los “beneficios” fueron tan grandes, que hasta el día de hoy,  sobre una deuda original al año 1983 de 50.000 millones de dólares, habiendo pagado más de 200.000 millones, todavía debemos 160.000 millones.

Un gigantesco “amor cristiano” el de la gente que llevó adelante el proceso genocida cívico-militar-eclesiástico adelante. Me  parece que se animaron a tanto porque miedo, lo que se dice miedo al infierno, no parecen tener mucho. Están muy seguros al respecto, el orgullo que siempre demostraron por lo hecho es prueba de que están seguros de que no van a tener castigo eterno alguno.

Amén del apoyo y garantía de impunidad que recibieron de parte tanto del imperio y sus corporaciones como también de medios y  empresarios locales.

Videla dixit: “Dios no me soltó la mano” ¿De dónde lo sacó? ¿De su fe? ¿Y de donde salió su fe? ¿De la Biblia? No de la que yo conozco.

Hace mucho tiempo que estoy convencido de que el infierno no existe, si realmente fuera que sí, aunque más no sea por un mínimo de duda, no habrían hecho las inconmensurables barbaridades  que hicieron. Y si fuera que sí existe, hay alguien sin duda,  tranquilizando conciencias diciendo que no es así.

Y son estos señores y sus partidarios los que ahora dicen que “estamos en una diktadura”.

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